"Llegar a la Argentina era como llegar a la Meca"




Ayer el cuarteto mexicano inició su gira argentina en Rosario.

"Clarín" vio su show en Chile y adelanta cómo es antes de los tres que harán en Vélez. Alex González, baterista y vocero explica por qué la banda se esforzó tanto en conquistar la Argentina, sus posturas ecologistas y la posibilidad de cantar en inglés para abrir su carrera al mercado sajón.

Silvina Marino SANTIAGO DE CHILE
smarino@clarin.com

La definición que da Alex González sobre el público argentino es simple: "Si eres bueno, olvídate: los argentinos son muy leales y te apoyan a full; pero si no les gustas, te mandan pa'la mierda y se acabó". Okey, pero no todo es tan sencillo: porque cuando Maná estaba pegando en su país natal y también en el resto de Centro y Sudamérica, acá no pasaba nada. "La estábamos rompiendo pero a Argentina la veíamos casi imposible", dice el baterista y vocero oficial, mientras toma su capuccino en el Hotel Sheraton de Santiago de Chile, adonde Clarín viajó a entrevistarlo, y a ver el show.



Es el mediodía y Alex ya está lookeado para la noche, cuando cerrarán sus presentaciones chilenas. Entonces, ¿cómo se llegó a la conquista? "El primer país para el que hicimos muchos esfuerzos fue la Argentina: nos mostró que para poder entrar, hay que ir", cuenta. Y evoca la primera vez que tocaron: año 1993 en Prix D'Ami, donde llevaron 50 personas. "A la otra noche tocaba Charly García y la diferencia era drástica, porque donde una noche había cincuenta personas, al otro día no cabían". Y así pasaron: Prix D'Ami, Gran Rex, Obras, Luna Park y ahora Vélez (tres, casi el equivalente a dos River). Más otro tanto en el interior. Si el corazón de la banda es Fher Olvera (cantante y compositor), Alex es el pulmón. No sólo porque es quien suele hablar con la prensa, y avisar a sus compañeros que van a hacer fotos; también porque es el más histriónico y enérgico (y simpático). Tal es su protagonismo, que en el medio del show (el mismo que harán aquí) en un Arena Santiago colmado (más de 10.000 personas), un segmento entero está dedicado a su solo de batería: esta vez en una plataforma ascendente y giratoria, que se mueve a lo "Samba" del Italpark, mientras él hace su despliegue circense (toca de espaldas, toca parado sobre la banqueta). Y da muestras de su capacidad como músico.

Estas dos cuestiones son, tal vez, las más importantes de la nueva gira ("Amar es combatir world tour"). Por un lado, la enorme puesta en escena. Y, por el otro, su calidad en vivo: "Somos muy buenos músicos, mucha gente ha dicho que sonamos mejor en directo que en el disco", postula. Y es cierto que el sonido es impecable y que no hay objeciones a su papel de ejecutantes: la primera guitarra (Sergio Vallín) y el fraseo del cantante se lucen, y dan cuerpo al ADN musical de la banda que completa el bajista Juan Calleros, a pesar de lo inclasificable y ecléctico de los estilos. Tan cierto como que, más allá de las buenas intenciones, su afán de corrección política se agota. Porque intenta abarcar demasiado: el mensaje ecológico (ver Todo sea...), el psico-social ("En el mundo se suicidan cerca de un millón de personas al año", señala un emblema catástrofe en la pantalla, a mitad del show), el pacífico-integracionista ("¡Un solo latido: Latinoamérica!", dice Fher, junto antes del final cuando se empieza a escuchar la versión original del All you need is Love beatle).

Pero volvamos a la espectacularidad de la presentación. El gran momento es el final: justo antes de que toquen No ha parado de llover, una lluvia artificial cae sobre el escenario, a modo de cortina. Y esta lluvia funciona, en el siguiente tema (el último antes de los bises), como soporte para la proyección de imágenes que, combinadas con las de la pantalla detrás del escenario, dan una idea de tridimensionalidad. Antes de que termine En el muelle de San Blas, los músicos se van uno a uno por una plataforma que los hace descender y de pronto, desaparecen. "Quiero que me escuchen bien los hombrecitos: la clave de las mujeres es la discreción", sentencia Olvera justo antes del hit Mariposa traicionera. Y ésta es justamente una de las claves del espectáculo (y de la banda): el papel ensalzado del macho herido, el mismo que le reclama a la mujer porque ella lo convirtió en hombre objeto: "Me tomas, me dejas, me exprimes y me tiras a un lado" (Labios compartidos).

Blancos y negros de la gira: la sorprendente puesta que se puede desdibujar por una demagogia innecesaria. Allí: expresada en los elogios al público chileno, "el me jor en lo que va de la gira"; y en el llamado a una fan para sentarse a su lado y hacer nada mientras él interpreta uno de los mejores sets (aunque el más meloso). "¿Eres mayor? Quiero que te eches un buen... trago", e invita con una copa a la extasiada fanática. Atención, chicas... ¿se repetirá aquí el llamado? El show es el mismo, "la producción más grande y ambiciosa" de su carrera, según Alex. Aunque tal vez surja algo especialmente preparado para la localía: "Siempre se nos ocurre algo a último momento y eso es súper cool", adelanta.

Por de pronto, estarán bastante tiempo en Argentina (ver Información). Tienen planes de reunirse con amigos: Flavio Cianciarullo; y Charly Alberti, Zeta, Gustavo Cerati (los ex Soda que tanto influyeron en Maná y en la movida argentina a México). Y también hay ganas de recorrer: Puerto Madero, la galería Bond Street ("¿dónde me dijiste que vaya a ver remeras?", se intriga el baterista en la charla). Mientras, ayuda a solucionar los problemas técnicos del grabadorcito digital que capta la entrevista: "Me encanta la tecnología", confiesa. Durante la nota, Alex no cambia el humor ni cuando habla de dos cuestiones que le molestan: la piratería ("es un problema severo, si no hacen sanciones y leyes más fuertes, va a seguir") y las críticas de otros músicos.

¿A qué le adjudicás las críticas de tus colegas?

Hay dos tipos de críticas: la constructiva y la simplemente destructiva, por envidia o porque no les gustas pero sin dar argumentos. La crítica más grande es si Maná es rock o no. Nunca fuimos una banda que le tira mala leche a otras bandas. Pero, nosotros, ¿tirar mierda? Nunca fue nuestro estilo. Todo lo contrario: hemos luchado a capa y espada para que el rock en español esté presente en las radios.

Entonces, Alex recuerda la década del '80, cuando el rock en español existía en México pero era muy under. "De repente vienen todos esos músicos (Soda, Zas, García) con una infraestructura montada y dijimos 'Vamos para la Argentina; y vamos a tocar': somos muy tercos, eh". Pero tardaron un poco hasta que las mismas compañías de discos y los promotores los apoyaron.

¿Por qué tanto interés por Argentina?

Veíamos la cultura y musicalmente nos daba mucha inquietud: las diferentes propuestas y los sonidos. México no estaba tan a full todavía, entonces llegar a la Argentina era como llegar a La Meca.

Mexicanos con proyección latinoamericana

Además del latino, Maná apunta a otros mercados: el italiano, el brasileño y el alemán. "Estos tres mercados los veíamos muy difíciles porque cantamos en español, pero hemos roto muchos prejuicios y afortunadamente estamos haciendo historia", se entusiasma Alex.

¿Pensaron en cantar en inglés?

Aquí lo interesante es que queremos ver hasta dónde podemos llegar en español. Maná dejó de ser una banda de México y ha sido abrazado como un grupo latinoamericano. Y es mucha responsabilidad: en cualquier parte del mundo estamos dando la cara por los latinos. Si el día de mañana sale la oportunidad de hacer algo en inglés, es meramente por querer compartir lo que dicen nuestras letras con mucha gente pero no para ser parte de otro marketing. Porque, también, el latino es celoso, eh. Todo sea por el medio ambiente

Maná creó la organización Selva Negra hace más de diez años para promover la preservación del medio ambiente y será la cara latina del Live Earth, una maratón musical de 24 horas que se realizará el 7.7.07, con más de cien músicos repartidos en los cinco continentes, en defensa de la ecología. "Tuvimos la oportunidad de conocer al ex-vicepresidente Al Gore, en Los Angeles, y él conocía lo que veníamos haciendo con Selva Negra", recuerda Alex. Y enfatiza la situación del calentamiento global: "todo el rollo de la ecología no tiene que ver con la política porque los políticos se van a joder igual: todos estamos en lo mismo", dice. En siete ciudades simultáneas se presentarán Red Hot Chili Peppers, Black Eyed Peas, Sugarcubes (con el regreso al histórico grupo de Björk), Foo Fighters, Lenny Kravitz y The Police, entre muchísimos otros.

Nada los puede parar
Pablo Schanton
pschanton@clarin.com

"No pararé hasta tener tu amor y tus besos". Manda una señal es la canción central de Amar es combatir. En el disco el clímax llega con eso de "Tengo muchas alas pa' llegar al sol, nada me puede derribar" y lo de "Soy combatiente, nada me puede parar". Aunque la chica con rosa y botas de la tapa nos hable de una especie de militarismo pasivo, pacífico, sabemos que el voluntarismo amatorio y la militancia erótica de Maná no tienen límites. Y esa voluntad de poder, que temáticamente parece reducirse a cuestiones de amor, se reproduce al momento de hacer carrera: los Maná (¡hay que animarse a llevar semejante nombre bíblico!) tienen aspiraciones olímpicas. Sí, nada los puede parar. Nada: ni siquiera señalar tanto slogan grandilocuente, tanto afán de conquista.