Maná llenó de energía a sus fans en Guayaquil







Había llegado a las 17:00 con su cajón pequeño repleto de cigarrillos, chicles y demás golosinas que a los fanáticos de Maná -sabía- les apetecerían. Él, un niño de unos 11 años, tenía una vaga idea de quiénes eran Fher Olvera, Juan Calleros, Sergio Vallín y Álex González. Lo que tenía claro -lo comprobó luego- es que el grupo llenaría el estadio Modelo Alberto Spencer, que para él no eran más que potenciales clientes: 12 000, según Diego Jara, de Team Producciones. Su premonición fue acertada. A las 21:30 no había dónde poner un pie. En cualquiera de las localidades del estadio hasta el viento debía pedir permiso para deambular. No había espacio para nadie más en el tumulto. A él no le importó. Alzó su cajón y se integró a la masa donde se respiraba sudor, cerveza, alegrías, penas, desencuentros, amores olvidados, enlaces recientes...

Los Maná salieron tras una cortina en la que se proyectó su ingreso al escenario. Esto fue el más claro indicio de lo que sería el espectáculo: un derroche tecnológico, una lluvia de efectos especiales. Pero esto fue secundario frente a la calidad interpretativa del grupo. Déjame entrar, Vivir sin aire, Dame una señal, Bendita tu luz marcaron el inicio del show, y reflejaron la energía del cuarteto. El tono grave de Fher, la suavidad del bajo ejecutado por Juan, los imponentes sonidos de guitarra de Sergio y el potente e increíble dominio de la batería de Álex dominaron el escenario. La gente trataba de bailar y disfrutar los temas de Maná como Dios manda, con saltos y aplausos. También querían secarse el sudor, fumar un cigarrillo, beber agua o cerveza. Era imposible. Mover una mano era difícil. Cada cual respiraba en la espalda del otro. Pero esto no fue algo que incomodara el público, ya enfebrecido.

El tumulto fue similar al final de la tarde, en las puertas. Según María Belén Acosta, de Team, los problemas surgieron porque un grupo de personas fue impedido de entrar por portar entradas falsas. Adentro, la envidia fue para la localidad de tribuna. Allí la gente estaba en los graderíos y podía sentarse, pararse o saltar. A los enamorados, el show les ofreció la oportunidad de estar bien juntos. Mientras el cajón de cigarrillos se abría paso entre la gente, levantado por las manos del niño, detrás de él, en las tres pantallas, se vizualizaban las sentencias: “¿Quién nos consumió en abandono? ¿Quién nos sometió al rebaño? ¿Dónde quedarán los sueños?”... Fue el paso para el tema ¿Dónde jugarán los niños? Con ello, Maná mostró de manera clara y frontal su postura frente a la explotación infantil. Esto también demostró la bien planificada escenografía. Los Maná interpretaron la canción ataviados con máscaras y trajes negros.

Los cantantes mexicanos demostraron sencillez en el recital, invitaron a una fanática al escenario. Con ella -que demostró no saberse ni una sola canción del grupo- Fher y Sergio sentados en un sofá acompañaron el popurrí (Te lloré todo un río, El reloj cucú, Cachito, Y sigo siendo el rey), con copas de vino. El solo de guitarra de Sergio y el solo de batería de Álex llevaron al público a una verdadera catarsis liberadora. Al final, Maná se despidió agradeciendo la acogida. Cantó Clavado en un bar y Rayando el sol. Luego Fher resaltó que Ecuador fue el país que impulsó su trayectoria. Pidió a los fans estar pendientes de las políticas actuales del mundo. Izó la bandera mexicana empatada con la ecuatoriana con el fondo musical de All you need is love, de The Beatles. Todos abandonaron la cancha empujándose, con la alegría de un buen concierto. Y el niño de los cigarrillos, por las buenas ventas.