Maná entusiasma pese a la lluvia




Diario de Navarra

Cerca de 15.000 espectadores corearon en la plaza de toros de Pamplona los éxitos de los mexicanos Los mexicanos Maná entusiasmaron a unos 15.000 espectadores en la plaza de toros de Pamplona. El grupo se impuso a la lluvia, que comenzó una hora antes del concierto y que no llegó a parar del todo en ningún momento. El recital, patrocinado por Diario de Navarra, el Ayuntamiento de Pamplona y Caja Navarra, empezó con un ligero retraso y se desarrolló durante cerca de dos horas.




La plaza de toros, cuando faltaba poco para el comienzo del concierto, parecía un circo de paraguas y chubasqueros de todos los colores. De hecho, la lluvia llevó al público a refugiarse en las zonas cubiertas del coso. Diez minutos antes de la hora prevista para que los mexicanos salieran a escena, la gradería alta y la grada estaban a rebosar, mientras que el ruedo sólo había sido cubierto en dos terceras partes. La lluvia, no muy fuerte pero sí persistente, había comenzado a caer sobre Pamplona hacia las nueve y media de la tarde. Cuando se acercaba la hora de inicio del espectáculo, su intensidad había bajado, pero no había parado en ningún momento, lo que hizo temer a parte del público por el desarrollo del concierto.




A las 22.35 horas todos los miedos se superaron. Una proyección sobre un lienzo blanco enseñó a los miembros de Maná descolgándose por un muro. Cuando los mexicanos de las imágenes llegaban al suelo, aparecieron sobre el escenario los Maná de verdad. Con Fher Olvera, el cantante, vestido con una casaca negra y con el batería Álex González con una camiseta roja que exhibía sus tatuajes, Maná arrancaron su show con una canción antigua, Déjame entrar. El público se entregó a los rockeros mexicanos de modo inmediato, coreando todas las canciones. Cuando sonó el segundo tema, Oye mi amor, los espectadores de los tendidos ya se habían puesto en pie para bailar. «Hola Pamplona, encantado de estar con vosotros», saludó tras esta canción Fher, que aseguró sentirse «a gusto» por empezar su gira por el norte de España y anunció que esa noche se iban «a desmadrar». Al cuarteto, también formado por el guitarrista Sergio Vallín y el bajista Juan Calleros, les acompañaba un teclista (Juan Carlos Toribio), un percusionista (Héctor Quintana) y otro guitarrista (Fernando Vallín).




El entusiasmo del público fue en aumento conforme pasaban las canciones. Manda una señal fue el preludio de las primeras apoteosis. Labios compartidos, la canción más conocida de su último disco, se convirtió en un coro unánime. Cuando sonó Vivir sin aire, el público no sólo lo siguió cantando. Hubo incluso quien lloró de emoción. El público que había acudido a la plaza de toros no podía ser más variopinto. Entre los 15.000 espectadores, que habían formado antes de entrar filas larguísimas en los alrededores de la plaza de toros, había desde familias enteras, que acudieron al concierto con sus hijos, hasta matrimonios maduros o grupos de cincuentones. Abundaban las cuadrillas de jóvenes de más de 25 años, y en cambio se veían menos grupos de jóvenes de entre 18 y 25 años