Maná con el Arena Santiago en el bolsillo



Fotos del Show

Diario El Mercurio

De acuerdo. Son excesivos, campeones del discurso políticamente correcto, reyes de la lírica bondadosa en figuras discutibles, y deudores absolutos de la sonoridad de The Police. Pero Maná en directo, después de seis años de ausencia en Chile, es un número redondo, de talante planetario, que se esmera en los detalles, y en cautivar a su público en todo momento. Anoche convocaron más de 10.000 personas en el Arena Santiago -desde niños hasta cincuentones-, para promocionar su último álbum "Amar es combatir", en la primera de dos jornadas que hoy culminan en el mismo recinto.

Con 15 minutos de retraso -los carteles anunciaban las 21:00 horas-, y refugiados tras un telón que cubría el escenario, comenzó la proyección de imágenes que retrataban un muro desde el que se descolgaban decenas de personas. Entonces, los parlantes lanzaron la base programada que se funde con el riff de "Déjame entrar". Cayó el telón y la banda mexicana entró de lleno con sonido óptimo, característica de toda la noche.

Como siempre, el protagonismo corre por cuenta de Fher, la voz de Maná, y Alex González, el hiperkinético baterista. Pero Sergio Vallín y Juan Calleros, guitarra y bajo respectivamente, imponen desde sus instrumentos una buena parte del peso de la banda en directo, que además es secundada por tres músicos a cargo de teclados, percusión y una segunda guitarra.

Tal como lo hizo en su última visita, González despachó un contundente solo de batería de ocho minutos. El instrumento giró en 360 grados y se elevó varios metros, para rematar toda la parafernalia con una cubeta que descendió con unas cuantas cervezas que el músico destapó. Los brindis siguieron en un segmento acústico a cargo de Fher y Sergio Vallín, para el que reclutaron a una chica del público, que los acompañó bebiendo una copa de vino ofrecida por el vocalista (aunque él prefirió beber desde la misma botella). A esas alturas, Maná ya tenía al Arena Santiago en sus manos.